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Artículos: Estreno: Memorias de China, palabras de la directora
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Nací en 1972, el mismo año que el personaje Ling Ling de Memorias de China. Aunque su
historia no es la mía, tengo dulces recuerdos de mi niñez
en los cines al aire libre. Crecí en una época de grandes
carencias materiales y espirituales en China. En aquel entonces no
había televisión ni Internet; ni siquiera teníamos
teléfonos. Y sin embargo lo recuerdo como un momento feliz,
sobre todo porque veíamos muchas películas al aire libre.
La oferta era muy escasa: la mayoría eran películas
locales de carácter político o
«revolucionarias». Pero la pasión por el cine ya se
había apoderado de mí. Nunca soñé que
llegaría a ser directora de cine.
Yo era miembro incondicional del Club de Teatro de mi universidad.
Sólo actué una vez, en una función de 50 minutos en
la que interpretaba a una mujer postrada en la cama que tenía
miedo de que la asesinaran, y yo tenía que mantener toda la obra
sola, sin acción alguna ni actores secundarios. El hecho de que
saliera bien me hizo plantearme la posibilidad de dedicarme a las artes
creativas. Años después oí hablar de la Academia
de Cine de Pekín y me presenté como candidata para un
curso de postgrado en Dirección de cine.
El examen de acceso a la Academia no fue fácil. Sólo
ofrecían tres plazas y había muchos candidatos.
Además, no me preparé a fondo para el examen, sino que me
dediqué a ayudar a alumnos con sus proyectos de fin de carrera,
cosa que me dio una experiencia práctica muy valiosa. Pero lo
cierto es que cuando me examiné no sabía mucho sobre
dirección de cine. Creo que, afortunadamente para mí, los
examinadores estaban buscando a gente con potencial en lugar de gente
con muchos conocimientos. En ningún momento dije nada como
«no tengo ni idea» durante el examen, sino que
intenté salir airosa relacionando lo que me preguntaban con
otros temas que conocía.
Cuando entré a la Academia, se me subió mucho a la
cabeza, pero los humos ya se me habían bajado al terminar la
carrera: sentía que no sabía nada sobre dirección
de cine y que los conocimientos y la experiencia que había
adquirido durante aquellos años de estudio eran muy limitados.
Por aquel entonces, los cursos de la Academia se centraban mucho en
directores considerados «maestros del cine». Tanto al
profesorado como a los alumnos les encantaban las películas
europeas por encima de todo: cuanto más densa fuera una
película, más les gustaba. Yo me distancié de
aquella moda. No veía muchas «obras maestras» porque
me parecían aburridísimas. Me dijeron que me iría
mejor si las veía, pero no tardé mucho en dejar de
obligarme a verlas. Cuando me preguntaban si había visto tal o cual
«obra maestra», intentaba salirme por la tangente. Si
hubieran sabido la verdad, es muy probable que hubieran cuestionado que
fuera licenciada de la Academia.
Pero tuve suerte: mi tutor, el profesor Jiang Shixiong, me
enseñó que la forma de hacer buenas películas
consistía en tener siempre en mente al público chino (y
no sólo guiarme por mis propios gustos e intereses). Mi paso por
la Academia hizo que desarrollara cierta indiferencia por las
películas demasiado comerciales, pero ahora creo que la calidad
de una película está muy relacionada con su capacidad de
llegar al público. La conclusión a la que he llegado es
que debo centrarme en el drama puro y con personajes de marcada
personalidad pero sin perder de vista la realidad comercial del mercado.
En abril de 2000 asistí a una conferencia sobre el futuro de la
industria cinematográfica china y estaba emocionada, porque
conocí a muchos de los directores cuyas películas me
habían cautivado de niña. Vi que les preocupaban mucho
las perspectivas del cine en China y sentí la apremiante
necesidad de hacer una película para dedicársela a ellos.
Quería que supieran que su trabajo había enriquecido el
corazón de un niñita y quería llevarles de nuevo a
la «época dorada» del cine chino.
Beijing Dadi Century Ltd. y el director Huang Jianxin me apoyaron
muchísimo con Memorias de China.
Sin su ayuda no habría podido debutar como directora. Mi
película se remonta a una época en la que los chinos se
volvían locos por las películas. Y estoy muy contenta con
el resultado. En el año 2005 el cine chino cumple cien
años. Memorias de China
es mi regalo a la industria cinematográfica china.
Xiao
Jiang (2004)
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