“The King and
the Clown” es una película que, si algo no hace, es
dejar indiferente a quien la ve. Desde su estreno, el filme no ha hecho
más que acaparar titulares, no solo en su país natal,
sino en los
medios más influyentes de Occidente. A su vez, ha batido todos
los récords de taquilla en Corea del Sur, convirtiéndose en
la película más
vista de la historia de esta cinematografía, e incluso el primer
ministro del país acudió a verla. ¿Qué es
lo que tiene de especial para
levantar tanta expectación en pleno auge del fenómeno
Hallyu?
El filme no solo ha dado de qué hablar por su calidad puramente
cinematográfica, sino por su tema principal. Y es que desde
diversos
medios se ha mostrado la tesis, errónea, de que “The King and the
Clown” no era más que una historia de amor homosexual,
algo que se
introducía en la conservadora sociedad surcoreana a
través de una
fábula histórica. Nada más lejos de la realidad.
"The King and the Clown" narra
la historia de dos juglares durante el
periodo dinástico coreano conocido como Chosun y la
relación que se
establece entre ellos. Jang-sang (Woo-seong Kam) ejerce de protector de
Gong-gil (Jun-gi Lee), de aspecto y rasgos femeninos, debido a lo cual
sufre constantes abusos. Después de una mala experiencia en un
remoto
pueblo, ambos deciden probar fortuna en la capital del reino. Allí
conocerán a una trouppe de juglares que les pondrán al
tanto de los
escarceos del rey (Jin-yeong Jeong) y su odio a las representaciones
callejeras. Ante esa disyunción, Jang-sang decide representar
una obra
satírica en la que criticar de forma sutil al rey a
través de los
rumores que circulan por la ciudad.
Como consecuencia de la misma, todos los integrantes de la obra
son apresados y condenados a muerte. Pero en el último instante,
Jang-sang propone un trato: representarán la obra ante al rey, y
si es
de su agrado, entonces su ejecución será abolida.
Finalmente, la obra
no solo convence al rey, sino que decide convertir a todos los juglares
en empleados reales para su propio entretenimiento, residiendo en la
mismísima corte real y pudiendo hacer uso de ellos a su antojo.
Lo que
en un primer momento se toma casi como una recompensa, se torna en
pesadilla para los protagonistas.
El rey Yeonsan es conocido por sus excesos. Un trauma infantil ha
hecho añicos su personalidad, y al igual que su difunto padre,
deja en
manos de sus ministros las labores de gobernar. Estos, a su vez, se
encargan de consentirle los caprichos que desee. La figura materna del
rey la cubre su concubina Nok-su Jang (Seong-Yeon Kang).
A partir de aquí, Jang-sang y Gong-gil se encargan de una obra
tras
otra, en las que recrean episodios de la historia reciente de la corte
o hacen crítica de los ministros. A través de las
fábulas, el rey
Yeonsan descubre una historia que le era presente, pero no patente, y
todas ellas acaban en tragedia. Surge así una
conspiración contra los
juglares, puesto que los ministros temen las represalias del rey tras
cada función. Jang-sang insta a sus compañeros a que
abandonen juntos
la corte antes de que sea demasiado tarde. Lo único que se
interpone
entre él y el rey es Gong-gil. Este último se convierte
en amigo y
confesor del rey, que ve en su perfección y belleza a la
única persona
que de verdad puede comprenderlo.
Este amor, esta amistad, se convierte en algo obsesivo al intentar
sobre proteger a Gong-gil de sí mismo. Surge una
revolución que trata de
derrocar al monarca. Debido a su megalomanía, a hacer
crítica ajena
pero no propia, el reino se desmorona a su alrededor sin que sea capaz
de evitarlo…
Ha sido precisamente la relación entre Gong-gil y el rey Yeonsan
lo
que ha provocado todo tipo de suspicacias, rumoreandose incluso
una
supuesta relación amorosa entre ambos. Lo cierto es que
interpretar la
película de esa manera sería algo excesivamente
superficial y
reduccionista. El rey está enamorado de su belleza debido a sus
rasgos
femeninos, algo que todos los hombre de la película parecen
malinterpretar. Es la perfección y la pureza de Gong-gil, alguien no
contaminado por la avaricia y el poder como él, lo que le atrae.
El
problema es que nadie repara en los auténticos sentimientos que
Gong-gil pueda tener y lo que dificulta toda posibilidad de
relación
sin caer en el abuso.
Una relación de amistad verdadera que solo mantiene con
Jang-sang,
sobre el que además recae la obligación de proteger a
Gong-gil, tal y
como se ve en la película.
Dejando a una lado la polémica que rodea al filme, “The King and
the Clown” es sin lugar a dudas una magnífica
película, muestra del
grado de perfección que el cine de Corea del Sur ha ido
adquiriendo a
lo largo de los últimos años. Y es precisamente cuando
una
cinematografía decide realizar una obra de ficción
situada en el pasado
histórico, cuando podemos hablar de auténtica madurez en
una industria
en boga como es la surcoreana. Y es curioso que todo esto venga de la
mano de un novato en estas lides como es el director del filme, Jun-ik
Lee.
Su éxito está también condicionado porque todos
los aspectos de la
película sobresalen. Tenemos las magníficas
interpretaciones de todo el
reparto, destacando a un desconocido Jin-yeong Jeong y a un Jun-gi Lee
en su primer papel de relevancia. La representación
histórica es
también magnífica, empleando además un lenguaje
rebuscado y alargado
propio de la época, así como las bellísimas
representaciones teatrales
y la maravillosa música.
Por último, y no menos importante, el guión de Seok-Hwan
Choi.
Inteligente y atrevido, la historia de “The King and the Clown” es
narrada utilizando las representaciones de sus protagonistas, a modo de
obra de teatro.
Conclusión: El paso de los años no hará más
que beneficiar a esta
película, cuya calidad se encuentra en parte empañada por
una estúpida
e innecesaria polémica. Magnífica en todos los sentidos, “The King and
the Clown” es la muestra perfecta de porqué el cine de
Corea del Sur
está un paso por delante actualmente.
Crítica por Carlos L. Montero
(Callros)
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