A la hora de analizar con objetividad una
película como "Always",
uno no puede dejar de sentirse un poco coaccionado emocionalmente por
los 11 premios que la Academia Japonesa de Cine le otorgó en la
pasada
edición. Precisamente por ello, intentaré hacer
análisis de conciencia
para poder determinar si tal cantidad de estatuillas fue merecida o el
resultado de un año con escaso cine de calidad.
"Always" es un filme que,
desde
los títulos de crédito iniciales, apela a la nostalgia.
En una
cinematografía como la japonesa, poco proclive a las cintas
históricas
que no sean del género "chambara", es importante que existan
películas
como esta, con las que una gran parte del público se siente
identificado en pantalla. La película narra las vidas de
diversas
personas en el Tokio de 1958, tomando como referente temporal y
simbólico la entonces en construcción Torre de Tokio. A
partir de ahí,
y durante el año previo a su finalización, un
barrio obrero y sus
habitantes experimentarán cambios en sus vidas, propios de la
llegada
de una nueva era a Japón, y a su vez, al resto del primer mundo
desarrollado. La cicatrización de las heridas provocadas por la
2ª
Guerra Mundial, la invención de la televisión, la
lavadora y la nevera,
la industrialización creciente… son solo el principio del fin de
una
época que ahora queda solo en la memoria colectiva de aquellos
con
varias décadas a sus espaldas.
Apelando a esa nostalgia, y con unos personajes con los que es
fácil sentirse identificado, "Always"
consigue con facilidad su objetivo:
entretener y emocionar, a la vez que se recuerda un tiempo pasado con
una exactitud pasmosa.
La película se inicia con la llegada de Mutsuko, una joven
adolescente, a la capital japonesa para trabajar en el negocio de la
familia Suzuki. Estos, a su vez, viven puerta con puerta con Ryunosuke
Chagawa, un frustrado novelista que se dedica a escribir historias para
niños y regenta un quiosco de juguetes y chucherías. Los
otros vecinos
que completan este microcosmos son el doctor Takuma, que perdió
a su
esposa e hija durante la guerra, y Hiromi (interpretado por la modelo y
actriz Koyuki), una antigua bailarina que llega al barrio para regentar
un pequeño local de copas.
C on la llegada de Mutsuko, Hiromi y Junnosuke, un
niño del que
Chagawa se hará cargo a regañadientes, la calle
cambiará en un lugar
donde todos intentan cuidar de todos y donde es difícil mantener
a
salvo algún secreto, por pequeño que sea. Sus historias
cotidianas y
llenas de ilusión por progresar en tiempos difíciles,
forman la trama
principal sobre la que se sustenta "Always".
Aunque ninguna de ellas sea excesivamente original, todas consiguen
conmovernos y hacernos olvidar de nuestros problemas durante las
más de
dos horas de metraje del filme.
Pero la película de Takashi Yamazaki (conocido por "Returner") no
podría sustentarse solo en el guión. La recreación
exacta del Tokio de
finales de los años 50 es realmente asombrosa, haciendo uso de
escenarios prefabricados y efectos especiales durante toda la
película.
Todo ello con el objetivo de recrear la auténtica
atmósfera de la
actual metrópolis en aquellos años. Las interpretaciones
son todas
correctas, sin ningún actor especialmente destacable. La
dirección de
Yamazaki es adecuada, teniendo en cuenta que su función en el
filme no
sobresale en igual manera en que lo hacen la gran fotografía o
la
magistral banda sonora, por citar solo dos aspectos positivos de la
película.
Llegados a este punto, es fácil comprender el porqué de
la unánime respuesta de público y crítica a "Always".
Y es que, a pesar de ser una cinta comercial en exceso, sus virtudes
están por encima de los defectos que se le presumen. En momentos
como
este, tendríamos que alegrarnos de que los medios hayan
respaldado a
una película que ha conseguido hacer soñar al
público japonés con
historias que bien podrían haber sido protagonizadas por ellos
mismos.
Crítica por Carlos L. Montero
(Callros)
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