Debo empezar esta reflexión
directamente exponiendo que, para el que firma estas líneas, "
The hidden blade" representa una
empresa más exitosa que "
El
ocaso del samurai", a la que, por otra parte, tampoco quiero
quitarle mérito. Así pues, primeramente articularé
la inevitable comparación.
La primera parte de la trilogía de Yamada inició una
necesaria tesis cinematográfica que nos presentaba el tantas
veces idealizado tema del samurai nipón y todo lo relacionado
con él desde un nuevo y agradecible (contra)punto de vista: el
del

realismo, el
documento histórico y la terrenalidad verosímil de un
hombre de carne y huesos, de pasiones y aversiones. Una obra casi
carente de acción y sangre, en la que la "
katana" se convertía en un
elemento decorativo y lejano. El drama humano, las confidencias y la
vulnerabilidad de su protagonista eran la esencia, el motor y el objeto
del film. Para rematar la tarea desmitificadora, la historia de ambas
películas está ambientada, claro, no en una época
de auge de la casta guerrera, sino en sus postrimerías (de
mediados del siglo XIX para arriba). Con ello se acrecienta el tono
crepuscular de la narración y se da cabida a emociones como la
nostalgia y la compasión y a un tema tan interesante como el de
la modernización de un país ultratradicionalista.
"
El ocaso del samurai"
cosechó alabanzas gracias a su hiperrealismo, el cual iba
acompañado en todo momento por una brisa pesimista,
semitrágica y sombría. En la forma narrativa (que no
escenográfica), efectivamente, es donde más difieren las
dos producciones: allí donde "
El
Ocaso..." mostraba su mencionado estilo sombrío, "
The Hidden Blade" nos ofrece
escenas humorísticas (gags, si queréis), de pura
distensión y sublime contraste, que no entumecen el afán
de reflejo de acciones reales y creíbles, sino que retratan los
errores, la torpeza y la ridiculez que la acción humana implica
tantas veces. A

este efecto
véase, por ejemplo: la confrontación entre el dialecto y
registro de los "
caballeros"
rurales y la nitidez y neutralidad del dialecto de Tokyo usado por el
instructor, enviado especialmente desde la capital para que adiestre en
las nuevas tecnologías armamentísticas al clan
pueblerino; la paródica y risible marcha militar al estilo
inglés que los guerreros nipones son incapaces de emular; el
imprevisto retroceso del cañón disparado a modo de
exhibición ante las autoridades del clan; el final mismo de la
película, todo un alegato cómico, antitrágico, de
entrega a la vida y rechazo al código, metáfora final que
culmina también la parte histórica de la
narración: los samuráis se acaban.
Las coincidencias (totales, por ejemplo, a nivel escenográfico)
son, sin embargo, más abundantes. A nivel argumental
también resultan obvias: el hilo conductor de ambas obras es la
figura de un espadachín humilde, honesto y hábil que poco
difiere, sin embargo, de un ciudadano civil, y que entra en conflicto
con las instancias superiores de su clan. La contradicción que
emana de ese poder superior acrecenta sus insatisfacciones derivadas de
su modo de vida, empujándoles a un deseo de vida sosegada, al
cuidado de sus seres queridos y lejos del ajetreo incipiente de la
modernidad, que pesa cada vez más sobre una sociedad que se
resiste a abrirse. No obstante, todo ello no impide a Yamada permitirse
una licencia épica en los dos films, empujando en ambas

ocasiones a su
protagonista hacia una lucha final con la que consigue el clímax
argumental en una y otra película. Y es que la realidad no
está exenta de heroicidades puntuales. Con todo ello, en fin,
alcanza una espontaneidad y un naturalismo que se sitúan a las
antípodas del mito. Hay que agradecerle, una vez vista "
The Hidden Blade", que se haya
ahorrado esta vez redundancias y repeticiones a nivel explicativo, y
una voz en off que al final de la película explicite al
espectador la tesis de la misma (como desafortunadamente sucedía
en "
El Ocaso...").
Centrándonos ahora, en concreto, y para acabar ya brevemente, en
"
The Hidden Blade", no puedo
empezar de otra manera si no alabando la acertada actuación de
Masatoshi Nagase, un actor que ya pisa el terreno de la
veteranía. ¿Quién habría pensado que el
jovenzuelo rebelde de "
Mystery Train"
y el apático asalariado de "
Cold
Fever" se desenvolvería con tanta naturalidad en el papel
de Munezo, un adulto samurai en tiempos de decadencia? Yoji Yamada lo
tenía claro. Y sólo hay una palabra para ello:
versatilidad. Contrapuesto a él tenemos a un auténtico
mito viviente del cine japonés, el heptagenario Ken Ogata, que
interpreta al corrupto y demagogo jefe del clan quien, tras sufrir un
revés a su autoridad por parte de la integridad moral de Munezo,
ordena a éste que acabe con la vida de su antiguo amigo Hazama,
acusado de insurrección. A partir de esta clásica premisa
la historia

será una
carrera, tan vertiginosa como contemplativa, hacia la explosión
de subjetivismo definitiva de un personaje a quien su contexto social e
histórico habrán puesto a prueba hasta las últimas
consecuencias.
La deconstrucción en el terreno del arte de la idealizada figura
del samurai parece que es algo en auge en estos tiempos, y actualmente
Yamada debe ser considerado como uno de los que más airoso ha
salido de esa peripecia. Desde un punto de vista moderno, el legendario
código y honor de la casta guerrera nipona empieza a tomar
más interés desde el momento en que se convierte en algo
que debe ser vulnerado no por motivos ruines, maquiavélicos,
viles y moralmente deleznables, sino en razón del individualismo
que emana de un personaje singular que vence y censura al colectivo,
que toma consciencia de la vida como hecho puramente subjetivo y
consigue armarse del valor suficiente como para asumir las
responsabilidades y decisiones personales, opuestas al yugo social, que
le conducirán a la verdadera y propia búsqueda de la
felicidad. Quien infringe y subvierte lo establecido deviene esta vez
el héroe, o antihéroe, de una historia plenamente acorde
con la mentalidad posmoderna de un siglo XXI.
Por esto y por más, ya sea por los puñados de
inolvidables sentencias y diálogos de los que se nutre la
película, por los impecables a la par que sobrios vestuario y
escenografía, por su logrado equilibrio de contrastes
narrativos, y por la belleza (a un u otro nivel) que destila casi cada
segundo de esta producción, "
The
Hidden Blade" es una de las mejores películas japonesas
que la cinematografía de este país asiático nos ha
ofrecido en estos últimos años.