El resultado de la observación
rigurosa durante dos años
del director Wang Bing es este increíble documental de
más de nueve horas de duración. Realizado durante los
años 1999 y 2001 sirviéndose únicamente de una
cámara Mini-Dv prestada, es la demostración de que no
hace falta un gran presupuesto para realizar una obra de gran rigor
sociológico y de una inverosímil belleza estética.
A base de un constante trabajo diario, el director nos ofrece un
retrato del estado en que se ve inmerso el distrito de Tie Xi de la
ciudad de Shengyang al noreste de la República Popular, donde la
atrofia en la industria pesada desencadena una gigantesca tragedia
humana. El método seguido por Bing consiste en enfrentar al
espectador con escenas de larga duración, en las que se presenta
tanto el conflicto social como el resto de la realidad cotidiana de los
individuos. El resultado obtenido permite formarse una imagen fidedigna
de la situación que se vivió en la zona, gracias a la
huida del sensacionalismo de los documentales a los que estamos
acostumbrados, que vienen a ser una acumulación a alta velocidad
de imágenes o comentarios con una carga emocional muy fuerte
para impactar al espectador.
El documental está dividido en tres partes: cada una de ellas
refleja un ambiente concreto que interactúa con los otros dos
dándole así una sólida unidad al documental. Los
primeros 240 minutos, bajo el nombre de
Rust, nos adentran en el
universo fabril y la realidad inmediata de los peones que dependen de
él.
Remnants, de 176
minutos de duración, muestra los
efectos de la hecatombe industrial en el área residencial de los
trabajadores. En último lugar,
Rails, de 136 minutos,
está centrada en el sistema ferroviario de la zona. Dicho
esquema refleja, por este orden, la agonía de la
producción, de la reproducción y de la
comunicación con el exterior de Tie Xi.
Rust nos adentra en las fundiciones de metal, principales empleadoras
de la zona, que durante los últimos años se han vuelto
poco competitivas y en ese momento se disponen a cerrar. Para reflejar
la situación, principalmente, se combinan las conversaciones que
se producen en las áreas de descanso habilitadas para el
personal y filmaciones del trabajo ordinario de los peones. En el
primer caso, esas conversaciones nos ponen al corriente de la
situación en las que se hallan las diferentes fundiciones y la
situación personal en la que se encuentran los trabajadores. En
el segundo, se nos muestra de una forma increíblemente
lírica la extinción del desempeño de las tareas,
que en su mayoría se desarrollan en un ambiente cargado de
vapores ricos en metales pesados. Bing también nos ofrece, con
tal de poder dar un retrato lo más fiel posible, episodios
extraordinarios como el ingreso durante un mes en una
institución clínica que anualmente viven los
trabajadores, la lucha contra el hielo que ha invadido algunas zonas de
la fábrica tras una temporada de inactividad o el discreto
saqueo llevado a cabo por los trabajadores posterior al cierre de las
fábricas.
En
Remnants se plasma la destrucción del barrio de Rainbow Row,
en el que vivían los trabajadores de las metalúrgicas y
sus familiares. Hay dos partes dentro de la actividad diaria de los
ciudadanos: en un primer momento nos encontramos ante la
alienación que sufren los ciudadanos respecto sus vidas. El
barrio se encuentra lleno de personas paradas e imposibilitadas por
culpa de un limitado mercado de trabajo que no les permite
reincorporarse al mundo laboral. En este primer momento es destacable
la atención que el director presta a la juventud, que pese a no
poder cumplir las expectativas sociales de emancipación, ni
hallar ningún tipo de proyecto de futuro, afronta con
alegría el día a día. La segunda parte, se produce
con la puesta en vigor de una orden gubernamental que exige el traslado
de los ciudadanos. Éstos disponen, pues, de un mes para recoger
sus efectos personales e irse. Se trata quizás del fragmento
más impresionante del documental, puesto que se muestra
cómo las familias sin saber exactamente

cuándo
recibirán las compensaciones económicas deben decidir si
parten o no. Los que se decantan por el sí, intentan vender las
cosas de valor que no puedan llevarse el resto de vecinos, y marchan
con todo lo que pueden. Por el contrario, los que permanecen en el
barrio van viendo cómo poco a poco se destruyen las casas de su
alrededor. Pese a que algunos vecinos se oponen a la marcha, ya que
económicamente no pueden sufragarla, o salen perdiendo en exceso
con ella, acaban por ceder debido a la falta de agua, luz y servicios.
Es difícil describir la enorme fuerza de la última imagen
que muestra al espectador una gran cantidad de escombros donde antes se
alzaba un modesto barrio residencial.
Rails, en un primer momento, retrata la vida de los empleados de los
ferrocarriles que pasan por Tie Xi a través de las charlas de
éstos durante los recorridos y las horas de descanso. Pero luego
pasa a centrarse en la figura de Du, un ex guardia de seguridad de la
empresa ferroviaria y su hijo, que subsisten haciendo de quincalleros.
Estos tendrán que abandonar el área de descanso en la que
vivían de la caridad de los empleados, debido a que detienen a
Du mientras robaba carbón para la lumbre. Las peripecias a las
que habrán de enfrentarse hacen de esta parte del documental la
más lírica y a la vez la más esperanzadora, puesto
que las cosas no acaban tan negativamente después de todo.
El documental pone al descubierto con toda la crudeza el efecto
devastador de una mala gestión empresarial y de las medidas
adoptadas para paliarlo desde el gobierno de la República
Popular China, cuya costumbre de jugar a ser Dios para reparar su
ineptitud implica arrojar a miles de individuos a la migración
en busca de trabajo en un país saturado de parados. Pero
también nos recuerda constantemente lo que no puede mostrarnos,
que la vida de los implicados más allá de las ruinas y de
las mega-estructuras metálicas abandonadas, sigue adelante.
Crítica por