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Criticas: Sympathy For Lady Vengeance (2005)
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“Grandes penitencias para grandes pecados, pequeñas penitencias
para pequeños pecados”
La venganza es un plato que se sirve mejor frío, como
decía alguien por ahí. Más poéticamente
hablando, se define como la recompensa al sufrimiento, el resarcimiento
de la derrota, la ira que desata la angustia. El director surcoreano
Chan-wook Park sabe mucho sobre la venganza, no en vano con Sympathy
for Lady Vengeance completa su particular trilogía dedicada
enteramente al tema. Iniciada con la infravalorada Sympathy for Mr.
Vengeance y seguida por la aclamada Oldboy, todas ellas han tratado
desde un punto de vista u otro la venganza como “leit motiv” e hilo
conductor de la película.
Sympathy for Lady Vengeance nos presenta una historia en apariencia
sencilla, para muchos la excusa perfecta para una nueva sesión
de violencia explícita (que no gratuita) y un desarrollo
narrativo alejado de los cánones tradicionales. Sin duda, la
película no echa en falta ninguno de esos ingredientes, pero los
adereza con una trama densa y que se introduce en disquisiciones
morales bastante más profundas que sus antecesoras.
Geum-ja es acusada del secuestro y el asesinato de un niño de 5
años, un caso enteramente televisado que conmociona a Corea del
Sur. Contando con tan solo 19 años en ese momento, es condenada
a 13 años de encarcelamiento. En un principio, Geum-ja se nos
presenta como culpable de los hechos que se le acusan, y nada
más entrar en prisión comienza a tramar un plan para
vengar a los otros implicados en el crimen. Todo ello llevado a cabo
con la ayuda del resto de las reclusas, tanto dentro como más
tarde fuera de la cárcel.
Entonces somos testigos de una serie de irregularidades en torno al
caso y de la posibilidad de que Geum-ja se declarase culpable por
alguna otra razón. A partir de ese momento, Geum-ja
centrará sus esfuerzos en limpiar sus pecados (a pesar de no ser
la autora material del asesinato, sí ha estado directamente
implicada tanto en ese como en otros que nos son desvelados) así
como llevar a cabo su venganza contra quien la engañó y
la ha alejado de su propia hija.
La línea que separa a los “buenos” y a los “malos” en la
película es muy difusa, ya que prácticamente todos los
personajes
poseen conductas de alguna forma reprobables. La
protagonista busca en un primer momento la redención matando al
asesino para su propia satisfacción, sin importarle nada ni
nadie. Es una persona desprovista de todo lo que la llevaba a vivir,
pero resignada al mismo tiempo, consciente de su culpa ya pagada (y con
creces). Es fría y calculadora, para lo bueno y para lo malo, y
no tiene nada que ocultar. Pero en un giro argumental de una
valentía increíble, Geum-ja decide de alguna forma
“compartir” su venganza, limpiando al mismo tiempo su conciencia ya que
hace lo que cree correcto. La película entra en un dilema moral,
no solo por la decisión de la protagonista, sino por las medidas
a tomar contra un “monstruo” como el secuestrador, así como
cierta crítica social en varios temas tratados a lo largo de la
película.
El mensaje clave es si su venganza le devolverá todo lo perdido
(Sympathy for Mr. Vengeance), es una reacción comprensible y
humana hasta un cierto punto (Oldboy), o si simplemente produce una
satisfacción tal que prácticamente cura todas las
heridas… que siempre estarán ahí.
Desde el punto de vista visual, nada que añadir. Intachable es
lo mínimo que se podría decir al respecto. Chan-wook Park
traspasa una vez más la barrera en las formas tradicionales de
contar una historia, mezclando recursos y añadiendo otros
propios, con lo que evita una linealidad que en muchos casos se vuelve
previsible. Empleando la narración en off de distintos
personajes y numerosas digresiones temporales, va hilando la historia,
que poco a poco encaja sin necesidad de incluir explicaciones al margen
(recurso muy empleado tanto en el cine estadounidense como en el
europeo, que gracias a Dios no ha calado en Asia). Park hace la
narración no solo ágil e imprevisible, sino bella por los
planos empleados (y ninguno de ellos imposible) y el empleo de tonos
intensos, resaltando ciertas cosas sobre otras (la escena en la que
Geum-ja es atacada, su casa o la sombra de ojos que emplea).
Mención especial para los títulos de crédito
iniciales.

Por último, y no menos importante, el apartado musical. Park ha
contado con el mismo compositor de Oldboy y Joint Security Area,
Yeong-wook Jo. Esta vez prescinde de cualquier arreglo moderno, y se
centra en música clásica al estilo de la mayor parte de
la banda sonora de Oldboy. Los cortes encajan perfectamente con la
acción y prácticamente ninguna escena carece de
música. Ha sido tan bien escogida y empleada, que durante el
visionado da la sensación de estar escuchando un único y
largo tema, cambiante según las emociones transmitidas en la
pantalla.
Conclusión: una nueva obra maestra de Chan-wook Park (y con esta
van cuatro), que estoy seguro de que decepcionará a aquellos que
consideren a Oldboy como su mejor película, y que al resto les
sorprenderá y encandilará… una vez más.
9/10 (“señora, no existe la persona perfecta”)
Crítica realizada por Carlos L. Montero (Callros)
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