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Criticas: Sympathy For Mr. Vengeance (2002)
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“Existen dos tipos de secuestro; el premeditado
y vengativo, y el justo e inocente”.
Primera incursión de Chan-wook Park en la vorágine de la
venganza, y a
su vez primera entrega de la “Trilogía de la Venganza”. Sympathy
for
Mr. Vengeance no es precisamente un película sencilla, y en
conjunto
supone el mejor trabajo de Park hasta la fecha. Pero vayamos por
partes.
La historia nos presenta a Ryu (Ha-kyun Shin), un joven sordomudo
que vive junto a su hermana (Ji-Eun Lim), la cual está enferma y
necesita urgentemente un trasplante de riñón. Pese a la
insistencia de
Ryu, el riñón no llega, y el suyo no es compatible.
Mientras, Ryu
trabaja a duras penas en una fábrica para conseguir el dinero
para
pagar el órgano.

Un día Ryu es despedido sin
razón aparente de su trabajo,
y
comienza a vender flores por las calles de la ciudad. De esa forma
conoce a los encargados de una mafia de tráfico de
órganos, que le
proponen el siguiente trato: su dinero y su riñón, a
cambio de uno
compatible con su hermana. Ryu no tiene alternativa, ya que la vida de
su hermana se apaga poco a poco y el órgano no aparece. Es
estafado, y
se queda sin ambas cosas. En ese momento, el hospital le avisa de que
tienen un órgano compatible con su hermana, tan solo tiene que
pagar el
dinero que ya no tiene.
Entonces su novia, Cha (Du-na Bae), le sugiere un plan: el
secuestro de la hija de la persona que le despidió de su empleo,
Park
Dong-jin (Kang-ho Song). Pedirían un rescate por ella, y la
niña
volvería sana y salva a los brazos de su padre… Pero todo se
complica.
La hermana de Ryu le coge cariño a la niña, y se suicida
porque cree
que todo el tema del secuestro ha sido por su culpa, por necesitar un
trasplante…
El padre de la niña, sin apenas
datos y habiendo pagado el
rescate, comienza por sí mismo la búsqueda de su hija,
ajeno a la
burocracia policial. Su hija aparece al cabo de unos días
muerta, todo
debido a un accidente en el río. A partir de ese momento, la
vida de
Park carece de sentido excepto por una única palabra: venganza.
Ryu se
esconde, pero no olvida. Él también tiene una venganza
que cobrar, una
deuda pendiente con los traficantes de órganos mientras Park le
pisa
los talones…
Una premisa sencilla para una historia de antagonistas, cuyas vidas se
desmoronan por completo a raíz de un hecho fortuito. El azar
conduce a
los personajes a la situación en que se encuentran. Ryu hace lo
que
cree conveniente, y es engañado. Peca de inocente en un mundo
injusto.
Aconsejado por su novia hace algo que no está bien, pero de la
forma
que considera más justa. Por culpa de los traficantes se ve
abocado al
secuestro. Todo se complica aún más. Su hermana se
suicida, algo
imprevisible. Por un descuido, su rehén cae al río y
muere. Él no tuvo
la culpa, al menos no directamente.
Pero,
¿cómo convencer al padre de la niña? Al fin
y al cabo, Ryu la
raptó, pese a que no tenía pensado hacerle ningún
daño. La venganza del
padre contra los secuestradores es tan justa como la de Ryu co ntra los
traficantes. Llega el clímax. El padre tortura y asesina a la
novia de
Ryu fríamente, sin compasión, sin nada que perder ni a
nadie a quien
echar en falta. Mata a Ryu y en ese momento es libre. No podrá
recuperar a su hija, pero al menos se ha vengado. Ahora su vida carece
de valor. En ese momento, ¿quién quedaba por vengarse?
Cha, la novia de
Ryu. Un desenlace surrealista para una historia que no lo es en
absoluto.
En un
principio, creo que casi todos nos hemos sentido
identificados con Ryu. Viviendo en una soledad permanente, al ser
sordomudo es como si no existiese para el resto de la sociedad. Ni
siquiera forma parte de ella. Debido a eso, si tiene problemas, estos
se amplifican. Park tiene la vida resuelta, y su hija era la más
débil
de las víctimas de la historia. Pero él despide a Ryu.
Por eso él
conoce a los traficantes y por eso misma razón secuestra a la
hija de
Park. Un círculo vicioso que cerca a los personajes de la
historia y
los conduce a un final inexorable. Igual que las tragedia griegas. Solo
que esta es real.
Más tarde, nos identificamos más con Park, el padre de la
niña. Y
al final acabas por comprender tanto a él como a Ryu y te
sientes
impotente ante el desenlace de la historia, porque sabes que es el
más
justo para todos.
En cuanto las actuaciones, los pocos personajes de la película
están todos interpretados de forma magistral. Ha-kyun Shin
transmite
todas las emociones que siente tan solo con su cara y su forma de
moverse, haciéndonos ver a un auténtico sordomudo. Kang-ho Song, a
pesar de que interpreta a un personaje que sí habla, no lo hace
porque no es necesario. Borda el papel de padre caído
en desgracia, convertido
en ángel vengador. Y por último, Du-na Bae aporta la nota
de color a la
película, gracias a su frescura y naturalidad a la hora de
interpretar
a una militante comunista, algo chiflada pero que se preocupa por Ryu.

Nada que añadir acerca de la forma de rodar. Sobria y firme,
Chan-wook Park rueda la historia prácticamente en un orden
lineal,
jugando con los colores apagados y oscuros, excepto en la última
escena
de la película (fantástico cambio de color). A resaltar
la escena en
que Park sueña que recupera a su hija. Simplemente acongojante.
A todo
esto, quizás para resaltar la atmósfera de la historia y
del
protagonista, la película carece de música y emplea solo
los distintos
efectos de cada escenario (el fluir del río, los golpes de metal
de la
fábrica) para meternos en la piel del personaje.
Conclusión: Sympathy for Mr. Vengeance es globalmente una
historia
gris, que no deja resquicio a la esperanza, que psicológicamente
derrumba por la crudeza de los hechos que relata y la forma en que lo
hace. Pero aun así, es una película redonda. Consigue
hacerte un nudo
en el estómago, y en conseguir eso y en la forma en que lo hace
es el
auténtico mérito de una película que cede todo su
peso al guión y a las
actuaciones de los actores. Y hoy en día, este proceder se
estila cada
vez menos, por desgracia.
10/10 (“Nunca una venganza fue tan dulce”)
Crítica por Carlos L. Montero (Callros)
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