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Criticas: Deseando Amar (2000)
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Esta es una historia sobre el auténtico
amor. Un amor sin condiciones,
ese por el que puedes esperar largo tiempo y sabes que siempre
estará
ahí. Un amor en que sobran las palabras y los gestos lo dicen
todo. Un
amor oculto, que comienza allá donde otro acaba. Pero sobre
todo, esta
historia trata sobre la soledad.
El señor Chow y la señora Chan son dos personas que se
encuentran
solas. Viven en el mismo edificio, de alquiler en casa ajena, lo que
amplifica su soledad, a pesar de vivir rodeados de gente. Ambos
están
casados, pero eso no les hace sentirse acompañados. Sus
monótonos
trabajos, su tren de vida… hacen que acaben ocupándose
más de la vida
de otros que de la suya misma. Sus respectivos cónyuges pasan
mucho
tiempo fuera de casa, con la excusa de un viaje eterno por el
extranjero.
Sus parejas les engañan, salen juntos desde hace mucho tiempo, y
ni siquiera han tenido el valor suficiente para decírselo. Pero
ellos
son diferentes. En el momento en que se dan cuenta de su
situación,
ambos se aman en silencio. Chow tiene una ambición y la saca a
relucir;
siempre ha querido ser escritor. Comienza compaginando su labor
literaria con su trabajo de oficina, pero al final abandona este
último
en detrimento de su labor literaria y se muda a una casa nueva. La
habitación número 2046.
Chan le ayuda con sus escritos, es su fuente de inspiración. A
pesar de
todo, no es capaz de dejar a su marido. Chow debe dejar Hong Kong si
quiere continuar con su carrera literaria. Sabe que Chan nunca le
acompañará, en el fondo no es tan fuerte como él.
Esta es la historia de un reencuentro que nunca tuvo lugar. A pesar
de sus intentos, la ocasión no se produce jamás. Tal vez
no estuviesen
hechos el uno para el otro, pero la llama de su amor nunca se
apagará…
Es demasiado fuerte como para que incluso el tiempo acabe con
él.
Kar Wai Wo ng rueda una historia absorbente que te sumerge por
completo en el Hong Kong colonial de los años 60. Sin apenas
guión,
consigue que sea el propio espectador el que defina la historia,
dejando de actuar como mero espectador en la relación entre Chow
y
Chan. A todo esto contribuye la magnífica música, con
varios temas de
Nat King Cole cantados en español así como piezas
clásicas al ritmo de
imágenes ralentizadas que evocan una atmósfera…
embriagadora.
Todo ello potenciado por los tonos empleados en la película,
jugando
con una fotografía de contrastes y situaciones, donde la
cámara en
ocasiones tiene que retratar lo más mínimo (el edificio
en que viven)
con el máximo detalle. Como si el espectador no fuese más
que un
“voyeur” en la relación
entre los dos, que capta los momentos
más
banales, pero que resultan los más reveladores.
Conclusión: película que lanzó a la fama
internacional (si no lo
había logrado ya) a Kar Wai, una historia bella tanto por su
factura
como por el relato de la misma, que nos demuestra el pulso que este
cineasta mantiene con la realización cinematográfica
clásica. Sublime.
10/10 (quizás, quizás, quizás…)
Crítica por Carlos L. Montero (Callros)
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