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Criticas: Welcome To Dongmakgol (2005)
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Welcome to Dongmakgol supone el debut
cinematográfico para su
realizador, Kwang-Hyun Park. Y lo hace con buen pie, vistos los
resultados en taquilla y los premios que ha recibido hasta el momento
la cinta. Pero para un debutante como Park no ha debido ser
fácil rodar
una película como esta, que trata un tema delicado de la
historia
reciente de Corea (visto de forma similar en Joint Security Area) y
rodeado de tantos actores de calidad.
La película nos sitúa en la Guerra de Corea, que
enfrentó al norte
(comunista y aliado con Rusia y China) y al sur (apoyado por los EEUU).
En medio de esa batalla, se nos presentan tres situaciones distintas.
Un piloto norteamericano cuyo avión cae derribado en una
montaña; un
grupo de tres soldados norcoreanos que huyen del ejército del
sur
después de haber perdido al resto de su pelotón; y por
último, dos
soldados surcoreanos, que por distintas razones se unen y comienzan a
vagar sin rumbo fijo. Todos ellos, de una forma u otra acaban en
Dongmakgol, un pueblecito de montaña cuyos habitantes viven de
espaldas
al mundo exterior, y a donde la noticia de una guerra civil
todavía no
ha llegado. Dedicados a las tareas del campo, con cultivos en la propia
montaña, han conseguido subsistir sin ayuda externa.
En esa situación se produce el encontronazo entre soldados de
bandos irreconciliables, que si bien han llegado allí huyendo de
la
guerra, no olvidarán tan fácilmente las rencillas de la
guerra. Además,
aborda los problemas de comunicación que surgen entre los
habitantes
del pueblo (que viven en una inocencia perpetua debido a su
aislamiento) y los soldados, y también las del piloto
norteamericano,
que no se puede comunicar con nadie pues no habla coreano. Debido a
varios sucesos, los soldados deben permanecer durante un tiempo en el
pueblo trabajando el campo para poder reponer las reservas con las que
acabaron a su llegada. Durante ese tiempo, surgirá la
complicidad y la
amistad entre ellos y los habitantes de Dongmakgol, un lugar donde
parece imposible no ser feliz. Pero ninguno de ellos olvida las razones
que le han hecho estar en ese lugar, y todas ellas son trágicas.
A todo esto hay que añadir que el ejército estadounidense
manda a un
escuadrón para encontrar al piloto norteamericano y comprobar de
paso
si existen enemigos en esa zona de la montaña. Una vez el pueblo
y los
soldados disuade al pelotón enviado, el ejército
norteamericano decide
realizar un ataque aéreo sobre el pueblo. Entonces los soldados
dejan
el pueblo y se unen con tal de evitar que los aviones acaben con
Dongmakgol arriesgando sus propias vidas por el único sitio que
realmente los acogió por lo que son, personas, sin mediar la
procedencia o el bando al que perteneciesen.
Después de haber visto Joint Security Area de Chan-wook Park,
las
semejanzas argumentales con Welcome to Dongmakgol saltan a la vista,
pero ambas son muy distintas. La situación en que soldados de
distintos
bandos se conocen y deben respetarse mutuamente es completamente
diferente, y mucho más difícil si cabe en medio de un
conflicto como la
guerra. Además, el filme no intenta ser ni histórico ni
verosímil, y
tiene un cierto halo de fantasía, logrado sobre todo por la
recreación
de Dongmakgol y de sus habitantes. En cuanto a los tópicos que
suelen
surgir en las producciones que abarcan conflictos reales, en la
película han sido minimizados casi por completo, y desde mi
punto de
vista el guión es justo con ambos bandos.
En cuanto a la dirección, tan solo lamentar la inclusión
de una
escena prescindible que es lo peor la película: la escena en que
los
protagonistas dan caza a una especie de jabalí. El resto es
más que
correcto, sobre todo la fotografía de la película, con
paisajes
realmente espectaculares, a pesar de que la película se
desarrolla en
pocos escenarios. Los actores, sobresalientes. Todo el reparto, de
principio a fin, tanto los soldados como los habitantes del pueblo.
Entre estos últimos se encuentra Hye-jeong Kang, aunque su papel
es
demasiado pequeño como para poder valorarlo en profundidad. Como
colofón, la banda sonora de la película corre a cargo del
maestro Joe
Hisaishi, que nos brinda temas maravillosas que reflejan la vida en el
pueblo, muy acordes con su estilo particular, y otros cortes de sonido
militar, muy
buenos también.
Conclusión: de lo mejor estrenado en el 2005 en Corea del Sur.
Una
película sobre la amistad y la lealtad, que nos sumerge en un
lugar de
ensueño pero sin que dejemos de estar atentos en ningún
momento a la
cruda realidad que supone la guerra.
8/10 (aquí hay serpientes…)
Crítica realizada por Carlos L. Montero (Callros)
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