Kim Ki-duk, nació el 20 de
diciembre de 1960 en Bonghwa, una
región montañosa del área de Gyeongsang norte, en
Corea del Sur. No obstante, sus padres se mudaron a Seul cuando
él a penas contaba con nueve años. Allí
comenzó a ir a una escuela de entrenamiento agrario, pero al ser
su hermano despedido de la misma, él tuvo que irse
también. De esta forma, pasó los años de su
adolescencia trabajando en fábricas de diversas
compañías coreanas. Cuando cumplió los veinte
años, se unió al ejército.
En el ejército pasó cinco largos años con rango de
suboficial. Experiencia que le sirvió para conocer y tratar de
primera mano, temas que de otra forma difícilmente podría
abordar. Uno de ellos es sin lugar a dudas la hermandad y amistad que
puede unir a dos hombres. Circunstancia muy patente en algunas de sus
películas.

Cuando se fue del ejército, pasó otros dos años en
una iglesia de reunión para impedidos visuales, con la
intención de llegar a ser predicador o sacerdote algún
día. Al mismo tiempo, Kim desarrollaba su habilidad en el campo
de la pintura, con lienzos de dudosa calidad artística. No
obstante, en 1990, Kim compró un billete para París y se
fue a tierras francesas sin más equipaje que su talento natural.
Allí, subsistió vendiendo sus cuadros en la calle y
asistiendo a talleres de dibujo. Además, fue en
París
donde estudió bellas artes. Su experiencia en Francia,
definitivamente cambiaría su vida.
Tras su llegada de Francia. Kim pasó los siguientes seis meses
confeccionando un guión para un concurso del “
Educational Institute of Screenwriting”.
A pesar de no estar nada familiarizado con la composición de
guiones y de ni siquiera saber escribir correctamente, su guión
de “
A Painter and a Criminal
Condemned to Death” fue el ganador del concurso del año
noventa y tres. Dos años más tarde ganaría el
primer premio en el concurso del KOFIC (Korean Film Council).
De esta forma, y sin la menor noción de dirección,
razón por la cual el estilo de Kim es tan peculiar, se
lanzó al mundo del cine con el que sería su primer
largometraje: “
Crocodile”.
Película en la que narra algunas de sus propias experiencias, y
en la que ya se comenzarían a dejar ver algunas de sus marcas
personales, como son: la crueldad extrema y la belleza plástica.
A partir de la anteriormente mencionada primera película, Kim
continuó su carrera como director confeccionando ese mismo
año la, en parte autobiográfica: “
Wild Animals”. Dos años
más tardó en dar a luz su tercer largometraje. Y fue a
partir del año 2000, donde se produjo su gran explosión
como director. Y es que desde el principio del milenio hasta nuestras
fechas, nueve han sido las películas que Kim ha rodado. Unas
mejores y otras peores, pero todas con su inconfundible sello de
calidad.
A día de hoy, Kim está considerado como uno de los
grandes directores de cine del panorama asiático. Compartiendo
importancia posiblemente, con el también coreano Park Chan Wook
(director con el que mantiene escasas similitudes técnicamente
hablando) o los chinos Zhang Yimou y Wong Kar Wai.