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Criticas: Hierro 3 (2004)
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El título original de Hierro 3, Bin-Jip se traduce del coreano
como “casas vacías”.
Ambos títulos me parecen más que correctos, pero creo que
un respeto a la decisión de su artífice, Ki-duk Kim en
este caso, justifica el no tener que realizar adaptaciones o
variaciones al nombre original. Y más en una película tan
especial como la que nos ocupa.
Hierro 3, o Bin-Jip, es la undécima película en la
filmografía del director surcoreano, y la que le ha validado
finalmente el reconocimiento internacional por todo su carrera. Un
reconocimiento tal vez demasiado tardío, pero que al menos llega
con la película idónea. Y es que Hierro 3 marca un punto
de inflexión en la carrera de Kim, tanto en su estilo narrativo,
en la simbología que emplea e incluso en el mensaje que
transmite.
Tae-suk es un chico joven que ocupa temporalmente casas deshabitadas.
Primero coloca anuncios y propaganda diversa en los pomos de las
puertas a lo largo y ancho de las casas de un determinado barrio. Luego
recorre las casas de nuevo, observando aquellas en que los anuncios no
han sido retirados; por pura lógica, irrumpe en aquellas que
parecen vacías y se instala durante un día o dos,
dependiendo de cuando tengan los propietarios previsto volver. No busca
un fin monetario, tan solo un hogar. A cambio de la estancia, realiza
pequeños favores en cada casa: desde arreglar una radio, pasando
por hacer la colada o regar las plantas. Antes de abandonar un piso,
ante la inminente llegada de sus inquilinos, Tae-suk se saca fotos con
los retratos de los habitantes de la misma. Su única
afición conocida es jugar al golf con un palo que lleva siempre
encima, el “hierro-3”. No
tiene hogar, ni familia, solo la de aquellas casas que ocupa. No parece
tener problemas económicos, a juzgar por su aspecto y
maña, además de por la moto con la que se desplaza. Es
tan solo alguien a quien lo más querido en la vida le ha sido
arrebatado, y no tiene siquiera necesidad de hablar ni de comunicarse.
Carga con una herida que no es física, sino emocional, de esas
de las que nunca te podrás desprender.
Pero un día su rutina se verá trastocada por completo.
Decide ocupar una casa en un barrio acomodado. Cree que está
vacía, pero una ex - modelo, Sun-hwa, observa con sorpresa el
comportamiento de Tae-suk, sin que este la vea. Sun-hwa es otra alma en
pena. Casada con un marido despótico, que la maltrata
continuamente, decide marcharse con Tae-suk y adoptar su nómada
vida. Ambos iniciarán una relación marcada por el respeto
mutuo y el silencio más absoluto. Dos personas necesitadas de
cariño, que casi habían olvidado por completo lo que
supone el amor.

Más tarde las cosas se complican y Sun-hwa debe volver con su
marido mientras Tae-suk es confinado por algo que no ha hecho, con el
único pretexto de ser separado de ella. Pero ni siquiera la
presencia de su marido evitará el esperado reencuentro entre
ambos, en uno de esos epílogos digno de ser recordado, mezclando
ilusión y esperanza en un mundo tan gris como el nuestro.
Con esta historia tan atrayente y ambigua, Ki-duk hila una de las
historias de amor más sugerentes jamás narradas. Marcada
por la soledad, el aislamiento y la tristeza de dos personas que vagan
sin rumbo fijo, sin un lugar al que puedan llamar hogar y volver en
cualquier momento… Dos personas que juntas, deciden escribir el
comienzo a una historia, su historia.
Ki-duk Kim hace una alegoría a la soledad al silencio. A
pesar de que este ha sido un tema recurrente en sus películas,
siempre ha sido provocado en parte por el lugar en el que se
sitúa la acción. Pero en una relación de amor, y
en medio de la gran ciudad, resulta más complicado
todavía si cabe. El auténtico mérito se encuentra
en transmitir todo tipo de emociones, sin recurrir al diálogo,
apoyándose tan solo en un guión maravilloso y en unas
interpretaciones de relumbrón. Tanto la mudez de Hee Jae
interpretando a Tae-suk en su primer papel de importancia como la
aparente fragilidad de una magnífica Seung-yeon Lee
Sun-hwa.
En cuanto al guión y la fotografía, poco o nada que
decir. Un guión original y fantásticamente desarrollado a
pesar de carecer de diálogos, con una frescura que pocas
películas logran transmitir actualmente. La fotografía,
simplemente perfecta, sin necesidad de más calificativos. En
cuanto a la música, inexistente al pasar completamente
desapercibida y ser innecesaria.
Por último, destacar dos anécdotas sobre la
película. La idea original de la misma se le ocurrió a
Ki-duk cuando retiraba un anuncio de la puerta de su casa al volver de
un viaje por Europa. Se preguntó a sí mismo que aquellas
personas que no recogían los anuncios era debido a que no
estaban en casa en ese momento. A partir de ahí
desarrolló el guión de Bin-Jip. Además, el palo de
golf que emplea Tae-suk en la película tiene su razón de
ser. El “hierro-3” está
considerado como un palo seguro, válido para diversas
superficies y tipos de golpes. Precisamente por su polivalencia, es el
menos usado por los expertos. Las mismas características que
definen a Tae-suk.
Conclusión: fantástica obra maestra del cine surcoreano
más actual, una cita ineludible con el buen cine y las historias
absorbentes que nos hacen pensar mucho después de ver el filme.
Imposible perdérsela.
10/10
Crítica por Callros.
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